Evaluación de la composición corporal: Más allá del IMC

En el mundo de la salud y la nutrición, el Índice de Masa Corporal (IMC) ha sido, durante mucho tiempo, un método comúnmente utilizado para categorizar el peso de una persona en relación con su altura, determinando de esta manera si entraba en el rango considerado como normal o si, por el contrario, se padecía de sobrepeso o bajo peso. Sin embargo, en los últimos años, hay un creciente reconocimiento, respaldado por numerosos estudios, que concluye que el IMC tiene limitaciones significativas como medidor exclusivo de la salud y la composición corporal.

En concreto, esta fórmula está cayendo en desuso porque se está viendo que el IMC no tiene en cuenta la composición corporal específica de una persona, la distribución de la grasa corporal o su masa muscular. Por tanto, en algunos casos, como en el de personas con una mayor masa muscular, puede no ser un indicador exacto de la salud, ya que, según los parámetros del IMC, tendrían sobrepeso si atendemos a su peso respecto a su altura. Por su parte, otras personas pueden tener grasa localizada en una única zona de su cuerpo y un bajo IMC, pero que ésta sea considerada “peligrosa”, como es el caso del abdomen, aunque no se refleje en su peso, residiendo el problema en la cantidad de grasa, lo verdaderamente perjudicial para la salud.

¿Qué es el IMC y para qué sirve?

El Índice de Masa Corporal (IMC) es una medida que se utiliza habitualmente para evaluar si una persona tiene un peso saludable en relación con su altura. Se calcula dividiendo el peso en kilogramos por su altura en metros al cuadrado, y su resultado proporciona una estimación general de la cantidad de grasa corporal. Se trata de una herramienta de screening (prueba utilizada para la determinación precoz de enfermedades) para identificar posibles problemas de peso.

En cuanto a las categorías generalmente utilizadas para interpretar los valores de IMC en adultos, se consideran de la siguiente manera:

  • Bajo peso: IMC menor a 18.5.
  • Peso saludable: IMC entre 18.5 y 24.9.
  • Sobrepeso: IMC entre 25 y 29.9.
  • Obesidad: IMC de 30 o más.

Es cierto que existe una correlación positiva entre IMC y el porcentaje de grasa corporal; sin embargo, se sobreestima en personas con elevada masa muscular esquelética y se infraestima en personas más delgadas con pérdida de masa muscular esquelética. Por eso, cuando un/a paciente acude a la consulta médica o de su nutricionista en Pamplona, la evaluación va mucho más allá de simplemente calcular su IMC. Es por ello que, desde los diferentes sectores de la salud, hemos ampliado el enfoque para incluir una variedad de herramientas y mediciones que proporcionan una imagen más completa y precisa de su salud.

Así, además de pesarle y calcular su IMC, es común utilizar básculas de bioimpedancia, una técnica no invasiva que permite obtener información detallada sobre la composición corporal (grasa y masa muscular), lo que resulta de gran ayuda para personalizar planes de alimentación y ejercicio.

Otra herramienta fundamental en la evaluación de la composición corporal es la cinta métrica para medir el perímetro de la cintura. La distribución de la grasa corporal, en particular la grasa abdominal, se ha relacionado con un mayor riesgo de enfermedades crónicas como la diabetes tipo 2 y las enfermedades cardíacas. Por lo tanto, medir el perímetro de la cintura puede proporcionar información crucial sobre la salud metabólica del/la paciente.

Además de estas mediciones objetivas, nutricionistas y dietistas también tenemos en cuenta otras valoraciones durante la consulta. Estas incluyen la historia clínica del/la paciente, sus hábitos alimenticios, los niveles de actividad física, sus metas de salud y bienestar, así como cualquier condición médica subyacente que pueda influir en la composición corporal.

¿Puede el IMC resultar perjudicial?

Sí, si se utiliza para establecer medidas arbitrarias. Tal y como señala Rekha Kumar, profesora asociada de medicina clínica en el prestigioso Weill Cornell Medical College, en Nueva York, «pacientes que han perdido peso y alcanzado lo que se define como su peso saludable y feliz, pero que todavía tienen un IMC alto, pueden pensar que deberían bajar más kilos innecesariamente o de forma poco realista para que sus pesos sean considerados normales”. Además, no profundizar en otros aspectos fundamentales, como los hábitos de vida, la práctica habitual de ejercicio físico o problemas de salud que padezcan, puede pasar por alto diagnósticos más importantes y correr el riesgo de estigmatizar a sus pacientes.

Algunas consideraciones finales

A pesar de sus limitaciones, conviene señalar que el IMC sigue siendo una herramienta útil y ampliamente utilizada en entornos clínicos para identificar posibles problemas de peso y riesgos asociados con la salud. Sin embargo, es crucial además tener en cuenta otros factores, como la distribución de la grasa corporal, la masa muscular de la persona, así como el perímetro de la cintura, junto con la monitorización de la grasa visceral y la preservación de la masa muscular.

Adoptar hábitos saludables de alimentación y actividad física regular no solo ayuda a controlar el peso, sino que mejora la salud mental y reduce el riesgo de padecer enfermedades crónicas. Al utilizar una variedad de herramientas y mediciones, los/as profesionales de la salud podemos personalizar planes de alimentación y ejercicio, identificar posibles riesgos para la salud y proporcionar una atención más completa y efectiva. Es, por tanto, fundamental trascender las limitaciones del IMC y adoptar un enfoque integral y holístico para promover la salud a largo plazo.

Fuentes: The New York Times, Live MED

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